Maya es una de esas amigas que es realmente la amiga de otra amiga; de esas que te la presentaron un día cualquiera y de buenas a primeras ya la consideras amiga sin realmente conocerla. Todo porque con este invento que se llama Blog, nos mantenemos mutuamente al tanto de lo que se escribe y se publica, que es usualmente lo que se piensa y se siente en un momento dado.
Maya, sin embargo, es muchísimo mejor que yo para eso de expresar lo que siente por escrito; es clara, honesta, y creo que le da dos pitos y una flauta lo que se pueda interpretar (yo, sin embargo, aunque siempre soy honesta y clara para el que sabe de lo que estoy hablando – o de quien estoy hablando – hago un esfuerzo por manejar eso de las “interpretaciones”; total que el que lee interpreta lo que quiere y lo que puede; mariconerías mías de usar un nombre como ‘noveno misterio’ o posibles inseguridades y una manía de privacidad celosa)
Leo el blog de Maya todos los días, con la misma costumbre que alguna gente se lee el listín diario en las mañanas; y casi siempre (el 98% de las veces) le dejo comentarios. Algunos en intento de ser constructivos; la mayoría que nada tienen que ver con ella o su post, sino de mi interpretación a su post y lo que yo sienta a partir del mismo. Lo mismo me pasa en el blog de
Gabi, que no la conozco y sus posts no hablan conmigo ni de mi, pero yo me aplico lo que escribe o lo aplico como si fuera mío.
Creo que eso es lo chulo del arte cuando provoca. Me pasa con muchos libros: quién sabe de qué o quién hablaba Saint-Exupery en El Principito, a mi me hablaba de amor y de esa necia flor que yo amaba (que, en lo que a mi concierne, era azul, y tiene nombre y apellido). Y quién sabe si Maya habla de la vida o de su corazón momentáneamente roto por la razón que sea, a mi me parece que quien ha escrito es alguna parte de mi hablando de mi y/o conmigo. Me pasa mucho cuando leo algún libro, o el blog de Maya o a veces el de Gabi, o el de
Rosa o el de
Anabelle, entre algunos otros. Unos me inspiran, otros me identifican, otros me provocan y otros me descubren. Y otros, como el de Maya, todas las anteriores.
Pero ya estoy divariando, porque esto lo inspiró Maya, pero no tiene nada que ver con ella.
Esto es sobre el arrepentirse.
About regrets.
Maya – que esta en su fase de Edith Piaf, como yo estaba en la de Pedro Salinas y el poema ‘Tu vives siempre en tus actos’ – hablaba en estos días de cómo los grandes talentos han vivido tragedias; y luego gritaba por escrito (
que su blog es un grito escrito) como ella no había vivido tragedias y como, a diferencia de Edith Piaf (según lo que leí), ella sí se arrepentía de muchísimas cosas. Luego hablaba de algo que entendí como un paso que no dio en un momento dado, o de una decisión que ya no puede tomar, de gente que se va o se fue, de no saber lo que se quiere y de todo el tiempo. Algo así como una crisis de existencialismos muy parecidas a las que yo me hago.
Pero lo que me inspiró este post fue leer la palabra “regrets”.
Verán yo pienso mucho en eso de arrepentirse de la cosas; y lo hago porque para algunos soy la persona más terca que ha nacido, y porque – por alguna razón – ando buscando la
una cosa que me permita decir “
Fulan@ tenia razón, debí haberle escuchado”.
Increíble como suene, ando buscando ese momento en que no sólo me de cuenta que he tomado una mala decisión (
que si, he tomado malísimas decisiones) pero que de paso, también me arrepienta de haberla tomado.
Y no lo hay. No sé, soy de las que se dijo una vez “
Si metiste la pata hasta el fondo, y no encuentras cómo sacar el pie… mete la otra y rompes la cubeta”. Tomar ese tipo de decisiones no siempre es lo mejor (en el menor de los casos se pueden romper cubetas muy chulas e importantes) pero, a largo plazo, es la que menos ahoga.
Y cómo le explico yo a Maya que no se gana nada con arrepentirse? Cómo escribo yo un post que les cuente que yo no todavía, a la fecha, no me arrepiento de nada?
Le puedo decir una de esas odiosas frases abusadas de libro de autoayuda que hablan del camino y sus diferentes variantes, o del “
aprender de las cosas” que tanto me irrita, pero entonces le estaría hablando de algo en lo que no creo del todo (
creo hay mejores métodos de enseñanza). Le puedo hablar del cuento “Fundación para la felicidad de mi hija”, escrito por Biktor Abad Agirre en el libro que se llama ‘
Así no me vales’ pero entonces no sabría cómo atar los nudos y estaría dándole una interpretación de algo que yo no escribí.
O le puedo contar de la única cosa de la que pensé que me arrepentía una vez: Si, contarle de lo mucho que me arrepentí de haber confiado en Rosidán, hace años. Creo que de vez en cuando, todavía me arrepiento de eso. Perdí cosas que, en lo que a mi concierne, nunca he vuelto a recuperar después. Y nadie lo entiende, pero no voy a explicar esos detalles ahora.
El asunto es que no me arrepiento realmente de haber confiado en ella; porque en ese momento fue la mejor decisión que pude tomar tomando en cuenta mis circunstancias… tomando en cuenta lo que yo necesitaba en ese momento: alguien en quien confiar. No elegí la mejor persona, pero tampoco estaban otras personas, ni mejores personas; o quizá fue sólo una estupidez de mi parte, pero mis capacidades no daban para más en ese momento. Y tantos océanos han corrido después de eso, que si la veo en la calle posiblemente hasta le coja cariño.
Ahora… cómo le hago para explicar que esas no son sólo excusas para defender mis errores? Que no creo que son “errores” entre comillas, como escribí por ahí? Que no estoy “conforme”? Le digo que además de ser la persona más terca que muchos conocen, también soy la más inconforme. No me conformo con nada menos que lo quiero: Cuando quiero algo, lo quiero cuando lo quiero y como lo quiero; no una “versión” de lo que quiero (ni mejorada, y mucho menos empeorada). Soy desesperantemente exigente – a falta de un mejor término –, aunque no lo sea para con todo ni con todos.
But Regrets? Arrepentimientos no tengo.
Quizá porque las pocas veces que me quiero arrepentir de algo, son los únicos momentos en los que eventualmente pienso en mí. En mí como persona, como amiga, como “amiga con derecho” y sin derecho, como hija, como pareja, como compañera, como empleada, como persona en general... y si, como dicen, lo que uno hace (o no hace) es lo que define lo que uno es: yo [todavía] no me arrepiento de ser quien soy.
Puedo ser mejor. Por ejemplo, cuando yo sea grande quiero ser como Ana S. o como Rosalina – que me inspiran ese sentimiento de
“I have it all figured out, I’m just not telling you” – sin embargo estoy segura que muchas de las cosas que mis modelos a seguir han hecho o dejado de hacer, yo no las haría o lo haría sin pensarlo.
Podría ser menos insoportable para algunos o más soportable para otros, pero yo no ando complaciendo gustos así por así. Y podría arrepentirme de mucha gente que se va, y de que ahora las ideas de qué voy a hacer y ser en mi vida se reducen, pero soy de las que busco a quien me hace falta con todos mis esfuerzos, y quien no me hace falta, pues, que le vaya bien. Y por más que me aterrorice la idea de no saber qué hacer y que ser, me doy cuenta que mientras tanto soy, y hago y a la vez decido si soy y hago lo que debo y lo que quiero.
Quizá es que me tomé la canción “My Way” de Sinatra muy en serio, y puse en mute esa parte de “
regrets I’ve had a few”.
Hablar de romper los cubos donde se ha metido la pata me pone a pensar en todos los edificios que exploté cuando metí todo el cuerpo – todavía tengo todas mis marcas recientes.
…
Dos páginas después… si algo he notado en esta tragicomedia que es la vida (al menos la mía) es que tiempo hay de sobra, hasta para ponerse a escribir posts que posiblemente necesitarán de mayores explicaciones para decir que no me arrepiento de nada. Que quizá la gente se va, pero también todo lo que se da se acaba si no te lo devuelven… y que si, es cierto que “nada sucede con sólo desearse”, pero por eso es que hay que romper los cubos en lo que se mete la pata: para cambiar las cosas de la noche a la mañana, y poder seguir caminando y encontrando nuevas puertas.
P.D.
Algún día debo lograr escribir textos más cortos, mientras tanto imagínense que sería peor si no escribiera con tanto desvarío (con lo que me enervan los libros con muchos detalles, cualquiera creería que yo soy las más resumida)